jueves, 29 de julio de 2010

CARLOS SAINZ: FARO Y GUÍA DE FRACASADOS (1ª PARTE)


El Club del Fracaso se complace en ofreceros la primera entrega de la serie dedicada a Carlos Sainz, nuestro referente más internacional, un auténtico guía espiritual para todo Fracasado que se precie de serlo.


Suponemos que a estas alturas pocos serán los que no conozcan a este gran gurú del Fracaso, madrileño, piloto, campeón del mundo de rallies y todo un clásico a la hora de obtener los más sonoros Fracasos deportivos por los cinco continentes.

No obstante, nuestra admiración por este personaje sin par, contumaz en el Fracaso y espejo donde nos reflejamos los miembros del Club, nos empuja a dedicarle este espacio a modo de modesto homenaje. Gracias, Maestro.












1. CARLOS SAINZ: SUS PRIMEROS FRACASOS


En primer lugar, debemos destacar la figura de Carlos Sainz como gran deportista, siempre aficionado a competir en diversas especialidades, destacando principalmente en el squash, donde con sólo 16 años ya era campeón de España.


Sin embargo, su gran afición por los deportes de motor le hizo centrarse en ellos, lo cual ya por sí solo le puso en la senda del Fracaso, pues ningún deporte mejor que las carreras de motor para obtener los mayores fiascos deportivos.

Si por ejemplo jugando al squash en el último juego del partido se te rompe la raqueta, pues la cambias por otra y sigues jugando, sin embargo en las carreras...


Su primer Fracaso es tal vez el menos conocido, pues comenzó en el automovilismo pilotando en circuitos y su intención era seguir por ese camino, quién sabe si llegar a la F1, pero por falta de patrocinadores no pudo proseguir en Inglaterra su carrera y entonces se introdujo de lleno en el mundo de los rallies, para deleite de todos nosotros.


Cabe destacar su primera participación en el campeonato Mundial, donde siendo un novato acabó 8º y al año siguiente, en 1990, gana 4 carreras y se proclama Campeón del Mundo.

Excelente piloto, a decir de todo el mundo, capaz de ganar en cualquier superficie (sobre tierra, asfalto, hielo...), con un buen copiloto y además conduciendo un buen coche, un Toyota Celica, daba la impresión de que su futuro en la siguiente década iba a marcar una época.

Pero el mundo aún ignoraba su condición más sobresaliente: la de Fracasado. Veamos.


En 1991 sigue corriendo con Toyota y llega al penúltimo rally del Mundial como gran favorito al título, y resulta que deja aparcado el coche en el parking cerrado del paseo marítimo de Lloret de Mar, pero se deja encendido un sistema eléctrico de ayuda al copiloto, y a la mañana siguiente ¡el coche que no arranca! Se ha jodido una centralita por un cortocircuito (al parecer por la humedad y por el sistema de ayuda encendido) y tiene que salir del parking a empujones.







1991. Empujando el Toyota en la salida de Lloret De Mar.


Finalmente la furgoneta de asistencia no tiene la pieza dañada, y cuando consiguen otra han pasado 2 horas. Total, rally perdido y el Mundial casi.

Luego llega al último rally, el de Gran Bretaña, y pierde las pocas posibilidades que le quedaban porque se sale de la pista en un tramo, atropellando a 13 espectadores y varios de ellos acaban hospitalizados.


Llega 1992 y sigue corriendo con Toyota, gana 3 o 4 rallies más y de nuevo Campeón del Mundo. Este éxito no viene sino a confirmar la 8ª Ley del Fracaso:

Un éxito no es sino la antesala de un nuevo Fracaso”.


Por supuesto, reconocimiento general de lo gran piloto que es y el gran coche que tiene y lo mucho que el propio Carlos ha contribuido a mejorarlo, pero el hombre, no satisfecho del todo, para el año siguiente decide dar un giro a su carrera y ficha por Lancia, la marca que más carreras había ganado el año anterior.

Al poco de iniciarse la nueva temporada, en 1993, la marca italiana decide abandonar el Mundial de Rallies para centrarse en apoyar a Ferrari en el Mundial de F1. Así que el amigo Carlos ese año no gana ninguna carrera y para colmo su ex - equipo Toyota vuelve a ganar el Mundial.


Ya por entonces se empieza a comentar en los medios especializados que la suerte no le acompañaba al piloto madrileño…. Pero lo que no sabían era lo que se avecinaba…


Para el Mundial de 1994 ficha por la marca Subaru. Realiza un buen campeonato y se presenta en la última carrera en Inglaterra con muchas opciones de volver a ser campeón.

En la última etapa su principal rival, el francés Oriol, va muy retrasado y con muchos problemas en su coche. Carlos Sainz y su fenomenal copiloto Luis Moya marchan segundos y acabar así les basta para conseguir de nuevo el título, pero en los últimos tramos nuestro líder pierde el control del coche, que acaba fuera de la pista atrapado entre unos matorrales.

La mítica frase “¡la cagamos, Luis, de aquí no salgo!” pertenece a aquel momento histórico (como puede verse en el link de arriba). Atrapados entre los matojos vieron pasar al resto de coches, incluido al francés Oriol, que así se proclamaba campeón del mundo.

La famosa frase dio la vuelta al mundo, pero aquí también queremos destacar la profética sentencia del copiloto Luis Moya intentando tranquilizar en ese momento a su amigo: “Tranquilo, Carlos, vendrán más….”

Sí, señor, vinieron más… pero más fracasos, muchos más e incluso mejores (si cabe).


En 1995, sigue corriendo con Subaru, que ese año es el mejor coche del campeonato y tanto él como su compañero de equipo encabezan la clasificación a mitad de temporada.

Pero el ímpetu deportivo de Sainz no conoce descansos y entre carrera y carrera el hombre practica otras especialidades como la bicicleta, y en esta ocasión haciendo mountain bike sufre una caída que le deja varias semanas con el brazo en cabestrillo y le impide participar en los Rallies de Australia y Nueva Zelanda, perdiendo así la ventaja sobre su compañero de equipo,






el escocés McRae. Igualados a puntos es en la última carrera, otra vez en Inglaterra, donde se juegan el campeonato que finalmente cae del lado del británico, supuestamente favorecido por correr “en casa”.

Molesto por el trato del equipo (británico aunque el coche fuera japonés), según Sainz favorable siempre a su compañero escocés, nuestro líder decide abandonar Subaru para correr el próximo año en su antiguo equipo Toyota, reconociendo su error al haberlo abandonado dos años antes.


Como es fácil de suponer ya a estas alturas, la vuelta a Toyota no será más que el inicio de nuevos fiascos en su carrera, que detallaremos en la segunda entrega de este especial:

Carlos Sainz: Faro y Guía de Fracasados.


Próximamente en este blog…


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